lunes, enero 02, 2006

Heródoto: El Padre de la Historia


Los datos antiguos apenas permiten situar a Heródoto someramente en el tiempo (Siglo V a.C., entre las Guerras Médicas y la del Peloponeso) pero la gran mayoría lo ubica entre el 484 y el 424 a.C. Célebre historiador griego de Halicarnaso famoso por su obra Los nueve libros de la historia.

Hacia el 452 debió abandonar Halicarnaso, dominada por el tirano Ligdamis, su enemigo personal, y residió en Samos. Poco tiempo después regresó a su patria para participar en la revolución contra el tirano; pero, descorazonado por disidencias internas, partió definitivamente. Se estableció en Atenas, recorrió casi toda Grecia, Sicilia, la Magna Grecia (Italia meridional) y terminó por establecerse en Turio, colonia ateniense de cuya colonización participó en tiempos de Pericles.

Heródoto fue un viajero incansable que recorrió todas las regiones y visitó todos los pueblos del mundo conocido por los griegos para beber directamente de las fuentes del pasado y poder así, escribir la primera Historia Universal.
El hecho primero de que hay que partir en la historia de la historiografía occidental es la aventura de Heródoto, sus viajes por el Asia Menor, por el Mar Negro y Escitia, por Persia y Babilonia, por Grecia y Magna Grecia, por Egipto. Con un examen minucioso de la obra de Heródoto se deduce que sus viajes concluyen con una segunda visita a Egipto y son anteriores a su residencia en Atenas.
Por doquier recogió abundante material para su futura obra histórica; observó y estudió cuidadosamente las costumbres de los pueblos y sus monumentos. Es muy probable que Heródoto fuese redactando las notas de sus viajes no mucho después de realizarlos.

Dueño de copiosa documentación y bien nutrido el espíritu de cuanto conocimiento sobre geografía e historia era capaz de atesorar un hombre en su tiempo, se dispuso a elaborar sus Historias. La falacia histórica que da por inconcluso el libro porque acaba con un hecho que para el punto de vista moderno no es digno remate del tema central, se refuerza con una paralela falacia estética: desde el romanticismo, el gusto general exige en la obra literaria un final en clímax, mientras el gusto antiguo prefería el final en anticlímax. Esto permite entender porque muchos consideran que su obra Historiae o Los nueve libros de la historia quedó inconclusa cuando en realidad no fue así.


Obra
Heródoto es el primer historiador que escribe una historia universal, es decir, que abarca todos los pueblos civilizados conocidos en su tiempo; es el primero también que emprende una obra literaria con envergadura histórica.

Su concepto de la historiografía es, con todo, bastante primitivo desde el punto de vista moderno, y se aproxima al que tenían los cronistas medievales. Como ellos, tiene una buena fe ilimitada; le falta en absoluto crítica histórica y da, al parecer, el mismo valor al conocimiento fundado en una observación arqueológica que a la leyenda popular.

Reserva a veces más espacio para referir hechos episódicos que para narrar el hecho central, deteniéndose con delectación en cuanto detalle pintoresco le parece bueno para interesar al lector; tiene por lo menos tanto cuidado en lograr un adecuado colorido como en acercarse a la verdad histórica. Sabe animar la narración con oportunos discursos o conversaciones que tienden a señalar ciertos aspectos psicológicos del personaje que describe. Por otra parte, domina en las Historias el mismo espíritu religioso que en los poemas homéricos; su propósito no es solo contar hechos, sino mostrar cómo se cumple la voluntad de los dioses en la dirección de los asuntos humanos.


Los nueve libros de la historia, redactados en dialecto jonio y escritos en plena madurez, son uno de los testimonios más reveladores del mundo griego y de los pueblos que lo constituían. En sus páginas, escritas con un estilo claro y pulcro, los hechos históricos se entremezclan con leyendas, constituyendo uno de los monumentos más preciosos de la antiguedad.


El plan general es una historia y descripción del imperio persa, en la cual, al contar las sucesivas conquistas persas, se traza la descripción e historia retrospectiva de los pueblos conquistados (jonios, dorios, eolios del Asia Menor, Babilonia, maságetas, Egipto y Samo, Escitia, Libia, Estados Griegos, Helesponto y Tracia).


En el relato central, orientado en su primera parte hacia la etnografía y en la segunda hacia la historia de las Guerras Médicas, se engarza gozosamente una muchedumbre de relatos interiores, diversos en extensión e intención, que hacen vívida y atractiva la obra de Heródoto porque están animados por su simpatía imaginativa de novelista y de dramaturgo que se sitúa dentro de cada personaje para recrearlo con auténtico brío.


Las Historias abarcan en conjunto las luchas de los griegos contra los bárbaros:

  • El primer libro trata del reino de Lidia y de su poderoso y último rey, Creso; luego, de la hegemonía persa en Asia y particularmente de las hazañas de Ciro.
  • El segundo libro está dedicado al estudio de Egipto, del país, de los documentos, de la religión, de las costumbres y de su historia.
  • El tercero narra la conquista de Egipto por Cambises, hasta que un levantamiento en su país lo destronó y sustituyó por Darío, de quien se cuentan las primeras conquistas, de Samos y de Babilonia.
  • El cuarto libro refiere las costumbres, leyes e historia de los escitas y pueblos de Cirenaica (Cartago le merece algunas páginas).
  • El quinto narra la llegada de los persas a Europa y la conquista de Macedonia, el levantamiento de las colonias griegas del Asia Menor y el comienzo de las guerras médicas.
  • Después de hablar de Atenas y Esparta y de su rivalidad, Heródoto reserva los cuatro últimos libros a la exposición de las diversas fases de la gigantesca lucha de la pequeña grecia contra la inmensa Asia; a saber: las dos expediciones de Darío; la expedición de Jerjes; la persecución de Mardonio y sus 300.000 hombres, y, por fin, la derrota de los restos de la flota persa en Micala, con lo que las colonias griegas del Asia Menor quedan libres del yugo persa (479). En ese momento se interrumpe la obra.

Las Historias de Heródoto reflejan la evolución de su auto desde su posición inicial de viajero sagaz anotador de singularidades, hasta su actitud definitiva de narrador entusiasta de la lucha de Grecia por la independencia, que le erige en Padre de la Historia.

Cicerón señala que, pese a su colorido poético, Heródoto es el Padre de la Historia y aprecia su elocuencia a la que caracteriza por su sosiego y fluidez, así como por carecer sus períodos de estructura rítmica, conforme a la moda más tardía. Pese a los elogios de los artistas del estilo, ningún historiador romano le imita, pues el modelo consagrado es Tucídides, cuya austeridad se compadecía mejor con la romana grautias que la variedad, bonhomía y tono poético de Heródoto.


Heródoto es un narrador diestro y amable, y su obra, inestimable tesoro de información geográfica y etnológica, encanta al lector moderno por su insinuante dulzura y por la simplicidad y gracia de una lengua casi poética; es, cronológicamente hablando, el primer gran prosista de la literatura griega. Nota esencial de Heródoto es la lozanía juvenil, la abundancia tanto de materiales como de propósito y direcciones, frente al campo más restringido que desde entonces se han fijado los historiadores en sus trabajos.


"Dos excelencias singularizan a Heródoto: su infinita curiosidad y su talento de príncipe de narradores". R. W. Livingstone. The Peageant of Greece. Oxford, 1935. Pp. 160.

El historiador moderno reconoce la identidad fundamental de espíritu en ese interés por la diversidad en tiempo y en espacio, en la observación exacta, el razonamiento crítico, la valoración juiciosa de los diferentes testimonios, en la aguda atención a la conexión causal del acontecer sin perder de vista el gran diseño providencial en que se ordena el bullir de las generaciones sobre la tierra y en el poder de expresar su compleja narración en una amplia y bien planeada arquitectura que agrupa sobriamente sus múltiples y variados episodios, subordinándolos a todo en disciplinada graduación.

Nada mejor que concluír esta breve biografía con las palabras que escribe Heródoto al inicio de su obra:

"Ésta es la exposición de las investigaciónes de Heródoto de Halicarnaso, para que no se desvanezcan con el tiempo los hechos de los hombres, y para que no queden sin gloria grandes y maravillosas obras, así de los griegos como de los bárbaros, y, sobre todo, la causa por la que se hicieron guerra".





Esta biografía ha sido realizada teniendo en cuenta el "Estudio preliminar" de Maria Rosa Lida de Malkiel que aparece en el libro Los nueve libros de la historia de Heródoto. Colección Biblioteca Universal. Barcelona, Ed. Océano, 1999. Pp. XI-LXXV; y la biografía de Heródoto que aparece en el Diccionario Enciclopédico Quillet, Tomo IV. México, Ed. Grolier, 1972. Pp.532.

1 Comentarios:

Anonymous Henry... dijo...

Juan, esta muy buena la Pagina, pues el contenido en este caso del que buscaba esta muy detallado y completo pero seria mejor si dejaras a tus visitantes "Copiar" el contenido de tu WEB no crees que ayudaras mas así??

6:02 p. m.  

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